Línea 21 nace como propuesta cultural y política de la periodista Soraya Bayuelo y la filósofa Beatriz Ochoa. A través de la comunicación desafiaron la violencia en la región de Montes de María y proyectaron un espacio consolidado para el desarrollo de la cultura en El Carmen de Bolívar y sus corregimientos. Los resultados saltan a la vista: festivales de teatro y cine, museos itinerantes, talleres de producción audiovisual y encuentro con líderes comunitarios para “formar a los formadores” en la triada comunicación, educación y cultura.
Un sueño desde la banca
En la plaza principal de El Carmen hay una banca rota de hierro y acero forjado en la que se reunían Soraya y un grupo de jóvenes carmeros a discutir sus preocupaciones intelectuales al compás de la guitarra y amenizados por el ron hacia la década de los 70. “Éramos los jóvenes de la época que criticábamos al alcalde, creíamos que podían cambiar las cosas. Ahí se cocinaron muchos sueños”, dice Soraya al recordar sus épocas de 'La Banca Rota'.
En esas tardes idearon formas de promover la cultura del pueblo, como el Festival de Teatro y la Casa de la Cultura. Sin embargo, a finales de los años 80, los actores armados llegaron a luchar por una tierra estratégica para el narcotráfico. El miedo invadió la zona de Montes de María y de ahí se derivó la desconfianza que acabó con los espacios culturales. La noche dejó de ser el momento para compartir y se convirtió en la hora para refugiarse de las amenazas.
Los montemarianos vivieron una época de horror en la que los panfletos clandestinos se convirtieron en la hora de salida y entrada a sus casas; las carreteras que comunicaban a los pueblos, llegaron a ser un camino en el que la suerte decidía quién llegaba a su destino y quién no volvería. En diciembre de 1999 llovieron papeles en El Salado que decían: “Cómanse el sancocho y disfruten con sus familias porque esta será su última navidad”. Para 66 que murieron el 18 de febrero del siguiente año, así fue.
Más de cincuenta masacres en menos de 20 años dejaron pueblos fantasmas y miles de desplazados. Mujeres y niños fueron violentados física, sexual y emocionalmente por los distintos actores del conflicto. El Carmen de Bolívar pasó de ser una próspera cabecera municipal al destino predilecto de miles de desplazados de los corregimientos y veredas cercanos.
Beatriz Ochoa, amante del folclor de su región, recuerda cómo la guerra acabó con las tradiciones: “Se cambiaron costumbres por el miedo a la noche. Ya no se hacían velorios donde los vecinos, familiares y amigos se van a acompañar a los dolientes y amanecen acompañándolo. Eso se acabó.”
Aunque el proyecto de Soraya no nació como respuesta al conflicto, les tocó dar un viraje a su metodología por la llegada de la guerra. “Desde el principio teníamos claro que se tenía que trabajar más sobre los derechos para que no perdieran la capacidad de asombro y pudieran vivir en medio de este contexto tan adverso", afirma Bayuelo.
Las propuestas de Línea 21
Uno de los primeros proyectos del colectivo fue el Cine Itinerante La Rosa Púrpura de El Cairo. Los miembros de Línea 21 viajaron San Jacinto, Ovejas, El Salado, Palenque, María La Baja o San Juan – todos corregimientos afectados por la violencia - y proyectaron películas en las plazas principales para devolverles a los habitantes los espacios para compartir.
Edilberto Narváez nació en El Páramo, un barrio de desplazados de El Carmen, y pertenece al colectivo hace diez años. Hoy es el coordinador del Cine Itinerante y asegura que el proyecto “recupera los espacios públicos donde la guerra hizo eco. La gente ya danza con la palabra, no le da miedo expresar lo que siente”.
Así mismo, están los Narradores y Narradoras de la Memoria de El Carmen de Bolívar, diez jóvenes que a través de videos documentales recrean lo que vivieron las poblaciones más vulnerables y afectadas. “La memoria nos ayuda a recuperar nuestra identidad, siempre la mantenemos activa”, dice Rodrigo Trujillo, uno de los narradores, al recordar el trabajo con las mujeres desplazadas de los barrios Las Margaritas y Los Ángeles en El Carmen.
“El propósito nuestro no es que sean los mejores camarógrafos, sino los mejores seres humanos. Que se conviertan en sujetos políticos transformadores, críticos, que no se dejen comprar el voto”, cuenta Soraya al referirse al trabajo de los comunicadores.
Los narradores y narradoras ahora están preparando El Museo Itinerante de la Memoria en el que pretenden proyectar el trabajo de más de cuatro años de producción visual en los distintos pueblos de Montes de María.
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