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“Un rockero en libertad”
  Por: Juan Cardozo Maglioni
  [2012-03-28]
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Con gran esfuerzo y dedicación Elkin Puerto junto con Germán Victoria en la batería, Filman Sterling en el bajo y Milton Castellanos en los teclados se unen para componer y producir música rock hablado en español que cautiva a seguidores selectos que viven y mueren por música contemporánea correspondiente a este género como alguna vez las fans enloquecidas de los Beattles o Elvis Presley. La diferencia, aunque de enormes proporciones, es que este grupo de sangre criolla nacidos en ciudades que hace poco eran pueblos aledaños a la polis es que suenan en bares underground desde su creación, si, donde la gente vive su mundo y se aleja de quien se sienta en la silla de la esquina a componer música para los oídos. Se duermen en laureles con una buena compañía y se olvidan de quien con acordes ambienta el lugar con música de colores.

 

Imagen tomada Sobrepolitica.com _ Un rockero en Libertad

No fue hace mucho el encuentro, tengo presente su rostro con una barbilla sin afeitar y su cabello largo que ahora es corto, lo imagino con el cabello largo porque en Elkin veo sólo Rock, veo el lenguaje cantado en do re mi, veo mi patria queriendo surgir en un género que es profundo como el mismo océano, en Elkin veo el instinto rock. Camino por la carrera séptima en búsqueda de algo más que unas rejas en forma de edificio donde me recibió Elkin por última vez, su oficina parecía más un lugar de reposo para humanos y de trabajo para robots que obedecen órdenes y que al final tienen libertad eterna, mueren en vida para ser humanos.

Sin lugar a duda Elkin ha sido un hombre para admirar, no solo por soportar largas horas de trabajo común de oficina, de encierro y colegas robotizados, sino por lograr mantener su voz en silencio por largas horas, la imagino encerrada como Elkin en un mundo de paredes, en un mundo en el que tanto el trabajo como el rock, están supeditados al talento, al deseo y a las ganas, las que no le faltan a Elkin para salir corriendo, dejar la grapadora y la pila de documentos a un lado y vivir. “A veces quisiera salir corriendo Juan, esto me asfixia, me llena de miedo salir corriendo, no puedo vivir de una guitarra y 4 amigos… pero lo deseo” esas son palabras que retumban mi cabeza, me hace pensar que la vida es injusta con algunos, pero con Elkin ha sido más que injusta. Su pasión desde pequeño por el rock en español lo escogió como ícono de este género, a sus 12 años ganó un concurso de canto que cualquier niño anhelaría, su profesor de música le escogió como guía en coros para misas y para algunas bandas nacientes, de esas con distorsión natural y guitarra de 5 cuerdas.


Me asomo a la calle 53 y veo el letrero como me lo describió Elkin “parecen cuerdas que alumbran un nombre de bar Árabe”. Treffen. Había oído hablar del sitio, no me lo imaginaba tan grande partiendo de que Instinto, la banda de Elkin, surge como banda underground, y a decir verdad, este sitio no tiene nada de under ni de ground. Me parece hasta agradable, dan ganas de entrar y no salir. Sólo basta con una mirada al interior para encantarme con aquel lugar, una estatua de la libertad versión miniatura en la entrada, banderas en el techo por todo lado, mesas tan cómodas que dan ganas de leer un libro entero en ellas, un color rosa mezclado con verde, armonía, plantas por aquí y por allá, un olor  a tabaco suave mezclado con aquella madera vieja de finca y un poco de incienso de semáforo.


La música común sonaba pero al final de aquel pasillo y enfrente de las mesas que llevaban consigo enamorados que se regalaban su primer beso estaba el hombre, Elkin Puerto, como todo un capitán de barco, monitoreaba la labor de cada uno de sus marineros, unos con cuerdas, otros micrófonos y tambores, se organizaban para aquella ceremonia en el mar del rock, en el océano profundo del género más escuchado en el planeta desde su origen, se preparaban para el gran ritual de la música, cumplirían aquel ciclo, Elkin lanzaría llamas de fuego con canciones como “quererte fue un error” y se acompañaría con aquél “instinto animal” que pondría a todos de pié aplaudiendo música desconocida que avivaba las ramas que descendían de una de las paredes del recinto.


Suena su primer cover, y yo escucho atentamente, sentado en una silla con una taza de aromática como única compañía, y recuerdo al capitán decir “instinto es un sueño loco de 3 personajes que escuchando rock verdadero quisimos imitarlos, hacer que la gente recuerde el verdadero rock, Los Prisioneros, Fito Paez, Andrés Calamaro” y no lo hacen nada mal, si estuviera aquí sentado el grandioso Fito se levantaría a aplaudir por el talento de Colombia, un talento que ha comenzado a levantarse y a sacar la cara por la música rock en el país. Aplaudiría a Elkin por su berraquera, por su interés en pararse frente a personas desconocidas a decirles: el rock existe, el rock aviva oídos y levanta muertos, el rock soy yo, el rock es instinto rock.


Era una tarde inolvidable y sin darme cuenta habían pasado varias horas, ya no tenía en la mesa una aromática sino 2 cervezas una agotada y la otra en vía de extinción,  escuchaba atento, miraba alrededor, la cara del público que aunque no prestaban mucha atención utilizaban el coro de la banda para dedicar un pedazo o cantárselo de frente a las damas.


“Nos sentamos tardes a componer, nos reímos, fumamos un poco, bebemos y cantamos, con responsabilidad escribimos y luego está la canción terminada, es estar en familia, es otra familia aparte”. Elkin  sabe que su vida es el rock, no lo niega, lo vive, aunque tenga gastos, quejas de la vida, compromisos familiares, presentaciones de power point para nuevos proyectos que sirvan de gancho para que no lo despidan; tiene su tarde de viernes en Treffen, tiene su guitarra en un costado, tiene una voz que levanta gente y une la palma de muchas manos asistentes, para él lo tiene todo. “mi medicina es el rock, yo vivo para esa música, aprendo mucho de él, no solo escucho sino que aplico, hay muchos mensajes que le deja a uno el género, como vivir sin preocupaciones”.


Pasó el tiempo y yo seguía ahí, empedernido, aturdido con tantos olores y sabores a la vez, luces de colores, un altar para los marineros y Elkin el capitán del rock dispuesto a seguir su camino. Luego de varias horas, el grupo decide detenerse y yo decido arriesgarme, me acerco a ellos, saludo a Elkin y conozco  a sus 3 mosqueteros, toman agua y sudan la gota fría, única en este recinto de llamaradas y canciones. Me siento con ellos mientras el ambiente vuelve a la normalidad en el resto de Treffen.


¿Qué tal te pareció Juan?- dice Elkin


A decir verdad quiero a Fito Páez para que los escuche-Afirmo con certeza


Todos echaron a reir.


Me acerqué a Elkin que se había retirado a apagar el amplificador de sonido, estaba sudando, pero se veía transformado, ya no estaba en forma de robot con vestido negro y corbata del mismo color, ahora estaba el Elkin que se enfrentaba a todo por su música, el guerrero el luchador, el inspirado por su novia Joanna, el del hijo campeón, el humano, el rockero.


Gracias por venir- me dice- en serio no sabes cómo nos alegra ver gente, que nos mire, que así no le gustemos nos escuchen, nos entiendan…
Apuesto que van a llegar muy lejos Elkin, la música que ustedes componen y tocan es realmente buena, le da uno vida, ganas de conocer más del rock- digo apoyándome en el sostenedor del micrófono.


Eso esperamos Juan, Dios lo oiga- dice recogiendo un montón de cable en el suelo- el sueño de todo cantante es cantar, yo canto y soy feliz. Esto para mi es vida, para mi la música lo es todo, es una herramienta, es como una espada que me da fuerza y poder.


¿Una espada?-pregunto


Una espada porque el rock es un arma que nunca muere…


Luego de varios minutos me despido, le agradezco a cada uno de los integrantes por la invitación mientras Elkin me dice: “Tienes que volver, aquí estaremos por vario tiempo, viernes a la misma hora, a ver si yo soy el espectador la próxima vez” sonreímos a la vez y le doy un apretón de manos. Salgo con cuidado para no tumbar algunos cuadros de Bob Marley y Elvis Presley que irónicamente se asomaron esta noche para ser testigos de la música en el sitio.


De regreso camino por la misma calle en la que llegué, aquella  séptima fría y peligrosa. Húmeda por la fuerte lluvia que arrasó con el calor del pavimento hace pocos minutos. Meto mis manos a los bolsillos para que no se enfríen y no puedo evitar sonreír al recordar a Elkin decirme: “El rock no es lo que parece, no es una larga cabellera, ni vestirse de negro, ni tatuajes por doquier, el rock es mucho más que música… es un arma que nunca muere”

 

 
     
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