Pueblo Cofán, unidad territorial de 500 años

CarlosGarcia | 12 Mayo 2010 in Sin categoría | Comentarios (0)

Por décadas, la comunidad Cofán ha luchado por defender el territorio de sus gentes, necesario para su movilidad, en Colombia y el Ecuador. Todo ello involucra lazos culturales y familiares. Durante este tiempo, los cofanes de la tribu Kichwa se dispersaron, comprometiendo a los grupos Secoya, Shuar y Kichwa para crear así un asentamiento en el actual departamento ecuatoriano de Sucumbíos(Ceyah,2004).

La Amazonia ha sido ancestralmente un terreno protegido por los cofanes. En sus diversas expresiones culturales, la naturaleza cumple un papel determinante en la composición familiar de la comunidad.

Las etnias Awa, Katío y Nasa son las últimas que en la segunda mitad del siglo XX resistieron acentuados cambios en la forma de concebir su comunidad con respecto al mundo contemporáneo y las primeras en participar activamente en el orden constitucional y jurídico del país donde están establecidas.

La implicación para esta comunidad, que en el último censo de hace una década arrojaba datos sobre una población superior a los mil doscientos habitantes, es la de haber perdido en gran medida el dominio de la lengua materna, que, junto con la convivencia de las costumbres de colonos blancos, minan la cultura Cofán (Fals Borda, 1992).

Pese a ingentes esfuerzos de los caciques, muchos habitantes de las comunidades Siona, Awa e Inga celebran uniones civiles y matrimoniales contra toda regla Cofán, con blancos colonos, con ellos se pierde, lamentablemente la capacidad de transmitir a las nuevas generaciones el reconocimiento y la aceptación de su tribu madre. Las mujeres Cofán, al contrario de sus hombres, ligan sus vidas con campesinos y foráneos, algo que en el plano generacional corta un proceso por cuestión cultural y geográfica de las tradiciones maternas y de su legado y enseñanza.

La historia de las tribus Cofán empieza mucho antes del arribo de los conquistadores a América, cuando varios grupos prehispánicos  asentados en territorios de la Amazonia, el Putumayo y parte de Nariño, participaban en extensas redes de comercio con productos extraídos de la manigua, como cera, oro, resinas y minerales.

Quizá esta primitiva comunidad tuvo filiación Cofán derivada de las relaciones de cacicazgo y dominación violenta de los primeros asentamientos tribales como los Mocoa, Pastos y Sucumbíos.

Sólo finalizado el siglo XVI se conoció de la existencia de los Cofán, debido a la codicia desmedida de las huestes españolas que iban desmontando selva tras El Dorado, en busca de oro.

El descubrimiento de minas permitió a los conquistadores establecer y detentar la encomienda[1]. Unido a ello, vino la urbanización hispánica en los antiguos territorios de Agreda y Ecija de Sucumbíos, que provocó la guerra territorial entre tribus y, según dice la tradición, fueron violentamente desalojadas por comunidades andakíes y cofanes en celo natural por lo que consideraban tierras suyas y el hecho ocurrente de la unión impura de sus naturales con los foráneos invasores.

Luego de este primer tropiezo en choque de dos culturas, la tierra de los primeros cofanes fue evangelizada por diversas misiones jesuitas, capuchinas y franciscanas. De la mano implacable de los españoles, la esclavitud se hizo evidente por sometimiento a los indios en la extracción de la quina y el caucho, hecho similar al de las comunidades Cofán en los años 60 del siglo XX, con la compañía petrolera Texas Petroleum. En esta última ocasión, se sometió a la comunidad debido al interés particular de los americanos asociados en la economía del oro negro de aquellos años. Desde ese momento, la composición centenaria de la tribu se afectó en su desarrollo social y político, que ha caracterizado a los cofanes. (Gaviria, 2003).

Las discrepancias que sucedieron a la diversidad cultural del pueblo cofán con las demás tribus, permitieron la mediación de la justicia constitucional de los países donde se asientan estas comunidades (Colombia y Ecuador) a principios de los años 70, cuando se creó y se fomentó una legislación de protección, censo comunal y establecimiento de políticas proclives a la inclusión.

Aunque los sucesivos gobiernos han mirado con desdén y bastante desconocimiento a esta gran familia sin nacionalidad, son más eficaces las medidas y decisiones que llegan directamente a sus círculos culturales y a lo más entrañable de su tradición.

Al tenor de buscar medidas de protección, sobre todo para su lengua y mucho de su tradición oral, dice el joven Fidel Aguinda, líder destacado de la familia  Cofán: “Mantener la lengua nativa en una comunidad indígena es un ideal que actualmente es muy difícil de realizar, porque los miembros de estas comunidades nos sentimos muy a gusto con los avances tecnológicos y, en general, con la modernidad. Esto genera un alejamiento de nuestras raíces y un acercamiento cada vez más notable con el mundo occidental; y este fenómeno es más común en las generaciones jóvenes que pertenecen a nuestras comunidades. Los jóvenes se interesan cada vez menos por conocer acerca de sus raíces y de sus tradiciones. A pesar de eso, tratamos de mantener algunas tradiciones y de proteger nuestros territorios”.

Cultura y tradiciones

Después de sucesivas luchas, internas, con invasores y ladrones de la tierra, se crearon las primeras reservas indígenas a favor de los Cofán. La pérdida más grande de su territorio tradicional (cerca de 15 mil hectáreas) en los últimos 50 años, sirvió para que medio siglo después, en 1998, mediante un acto legislativo, se establecieran seis resguardos más.

El centro de las decisiones comunales es la representación de grupos o sub-tribus, relacionadas directamente con la ceremonia y con el uso del yagé. Para el pueblo Cofán, la cosmogonía está representada en espíritus y fuerzas que son en últimas los que funcionan e inciden sobre los sucesos en la tierra.

El Taita, por medio del yagé, interpreta y administra el conocimiento, hace contacto con los espíritus y es el único capaz de leer los sucesos que dejan ver, en visiones místicas, las plantas. Su finalidad, en consecuencia, consiste en interceder contra fenómenos sobrenaturales que amenazan a la comunidad.

Lamentablemente, las generaciones de hoy no preservan la costumbre, no aprecian el yagé como medio para adquirir conocimiento, sin convertirlo en modismo social de aceptación y traslación de su significado. Sobre el particular, algunos jóvenes conocen principios del rito, pero el misterio y su entronque se pierden en la jovial negligencia, y la concepción de la fe no se traspasa.

El Taita custodia su conocimiento ante la medicina con base en soluciones químicas, aunque sus prácticas se disminuyan igualmente por el aumento de las primeras. La razón más notable, cada vez con más frecuencia, es la incursión de sucesivas misiones religiosas que influyen mucho en la costumbre Cofán.

Durante 500 años el pueblo Cofán ha mantenido el legado de posesión de su territorio, pese a las fragmentaciones sociales y tribales de su comunidad, decantadas en visos de civilización que amenazan al grupo. Algunas de las costumbres se pierden y se dejan de lado las tradiciones ancestrales de este pueblo, diezmado, que ahora comparte territorialidad  entre  el sur de Colombia y la provincia ecuatoriana.

Lamentablemente, el Cofán contemporáneo es testigo excepcional de las raíces confundidas y de lo que se debe conocer en materia legislativa, de protección, tendiente a la difusión de los derechos colectivos y a la manutención de los resguardos en ambos países.

Desconocen su derecho a ser incluidos como nacionales. El sentimiento comunal de la tribu se hace notar en su pedido a los Estados involucrados: “Aunque con la reforma del 91, el reconocimiento a las comunidades indígenas fue más notable, aún faltan más progresos legislativos en cuanto a nuestros derechos y deberes como ciudadanos y como patrimonio étnico del país. Ese tipo de reconocimientos mantendrían con mayor fuerza y harían más sostenibles y atractivas nuestras tradiciones y nuestra lengua”. Paradójicamente, el Ecuador tiene una ventaja sobre Colombia en cuanto a la protección de derechos y participación de este pueblo centenario, algo que en nuestro país apenas, está comenzando.


[1] Fue una institución socio-económica establecida por España en América en el siglo XVI,  mediante la cual un grupo de individuos investidos de autoridad real debía retribuir a otros en trabajo, especie o por otro medio, por el disfrute de un bien o por una prestación que hubiese recibido.


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